LA RAZA ENÓPATA 

Definición Oficial

Durante años se había creído que la Enópatía (sobre todo en su variante más grave que es la espongiforme) era una enfermedad incurable, que afectaba a un individuo de cada 10.000 habitantes, sobre todo en los países desarrollados; recientes investigaciones del Instituto Monell de Filadelfia, han demostrado sin lugar a dudas que estos extraños seres forman una raza nueva, con características morfológicas propias y pautas de comportamiento diferenciadas de otras especies menos inteligentes.

La raza Enópata, a pesar de estar recién descubierta, ya está en vías de extinción, este mensaje es principalmente una llamada de atención a todos los mortales para que cuando se tropiecen con uno de estos raros ejemplares (Declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), sean extremadamente amables y les den todo el instrumental que necesiten para su normal desarrollo. (Copas, decantadores, hielo, vino, utensilios varios, etc.)
Como a todas las demás especies protegidas.

Paisaje después de la batalla.

 

El Enópata es un animal pacífico, de gran rusticidad, que es capaz de no sólo sobrevivir en condiciones paupérrimas, sino de prosperar en un ecosistema verdaderamente extremo, (investigadores del Instituto Smithsonian los consideran extremófilos) solo con vino de buena calidad, algunos hígados de bípedos volátiles, algo de marisco y unas cuantas copas de extrañas formas, pueden llegar a vivir durante casi un siglo, a veces más.

Suelen ocupar zonas geográficas con pocas precipitaciones, ya que la mayoría de sus individuos suelen ser hidrófobos, aprecian las zonas templadas, sobre todo en verano, puesto que su piel, debido al alto contenido en polifenoles, es muy sensible a las altas temperaturas, ya que, al darles el sol, despiden un potente hedor a hollejo caliente y a pasas, totalmente insoportable para sus congéneres menos desarrollados.

Como decía son seres extremófilos, pero no en sus condiciones de vida sino en su comportamiento, el hábitat de los Enópatas siempre está entre las latitudes 30º y 50º de ambos hemisferios, no proliferan en los trópicos pues en ellos no hay viñedos; sus madrigueras suelen estar repletas de botellas (vacías y llenas), corchos, un extraño instrumental que ya quisiera para sí Torquemada y unas extrañas neveras de color oscuro donde guardan su alimento.
Es raro verlos en islas de pequeño tamaño, ya que su condición de hidrófobos, les imposibilita físicamente el estar rodeados de agua por todas partes.

Su leche es de alto contenido en grasas y proteínas, por lo que constituye un alimento indispensable para algunos bípedos menstruadores, está a veces se agria y se convierte en mala leche, sobre todo en épocas de represión cervecera, en restaurantes sin una carta de vinos decente, o cuando la escasez de vino es acuciante.

No suelen procrear en cautividad, eso lo dejan para los albatros y otras especies de pequeño peso cerebral, la fidelidad en el mundo de los Enópatas, simplemente no existe, puesto que sería el equivalente a beber todos los días el mismo vino.

Es una raza con tendencia al asilvestramiento y, por tanto, no responde bien a la estabulación, ya que sus uñas, sin una manicura cuidadosa, irían degenerando hasta clavarse en el hígado, donde reside la inteligencia Enópata; este prodigioso órgano, está dotado de una gran estructura radicular y enorme tamaño (suele llegar hasta los tobillos en los mejores ejemplares), y es la parte central de todo organismo Enópata.

Aunque permanezcan o vivan en compañía, suelen ser individuos solitarios, pero no rechazan nunca una buena juerga con amigos de perfil psicopatológico similar; a pesar de ello, no responden bien a la domesticación debido a su carácter montaraz, no son gregarios ni grupales.

Habituados durante milenios al onanismo, son seres autosuficientes, asilvestrados, que no obedecen ni a las amenazas ni al castigo físico y si se les priva de su alimento básico, el vino, se convierten en individuos peligrosos que suelen responder con extrema violencia, llegando con cierta facilidad al canibalismo.

Crean una especie de campo magnético a su alrededor que repele o atrae a seres de todos los sexos, no dejando indiferente al prójimo casi nunca. Suelen tener los ojos vidriosos y jamás pestañean.

A menudo crean relaciones de Amor-Odio y las mantienen durante muchos años.
Dedican todos sus recursos físicos y económicos a la consecución de alimento de buena calidad, es como una adicción aguda, su Dios es la emoción, aman el sentimiento, la estética, el equilibrio, la elegancia, en definitiva, ese pellizco en el alma que tienen algunos vinos del mundo, consagran su vida a la persecución de ellos.

Suelen ser heterosexuales, pero hay un reducido grupo de individuos homosexuales, en este caso forman un subgrupo morfológico diferente, y mudan su nombre por el de anopatas, estos seres están mejor dotados para identificar las gamas aromáticas florales, frutales y vegetales, mostrando carencias graves en otras familias como la empireumática y la química.

Morfológicamente, son de orejas más finas, y de menor tonelaje físico, pero su porte es más elegante y grácil.
Por tanto, son complementarios y necesarios en las sesiones de alimentación en grupo, llamadas comúnmente Catas.

Por extraño que parezca no se han identificado Enópatas pelirrojos ni dedicados a la enología, salvo una excepción hallada en Les Useres (Castellón) hace unos años, lo que confirma nuestras sospechas.

Los Enópatas más comunes, suelen ser hombres, (con honrosas excepciones de origen mejicano) y en la escala biológica, solo tienen un depredador conocido, aunque de tremenda efectividad, este es el bípedo menstruador, (vulpes vulpi), extendido por todo el orbe y dotado de letal mordedura.

Cuando captura a su presa, a veces con pasmosa facilidad, suelen segregarla del grupo, y tratar de domesticarla por todos los medios, (casas, hipotecas, hijos, coches, joyas, etc.) a pesar de ello, sólo en raras ocasiones se han verificado cambios dramáticos o duraderos en el comportamiento esencial del individuo Enópata puro, pero no debemos confiarnos, pues se han detectado casos extremos, en los que algún enópata, ha llegado a dejar de beber compulsivamente, actuando en contra de su naturaleza generosa, voraz y excesiva.

Afortunadamente el estado de abstención es pasajero y totalmente reversible y no hace falta (en la mayoría de las ocasiones) ni siquiera tratamiento, el retorno al estado inicial suele producirse espontáneamente a los pocos años de su captura.
También se podrían considerar sus depredadores naturales, aunque en menor medida, a los bodegueros voraces, esos que ponen los precios de los vinos por las nubes, sin piedad hacia esta especie en vías de extinción.

Las Enópatas de sexo femenino (¿contrario?), suelen mostrar los mismos síntomas, aunque algo atenuados, debido sobre todo, al menor tamaño y peso del órgano principal de la especie que es el hígado.
Presentan la extraña facultad entre la raza, de ser políglotas, lo que facilita las incursiones y saqueos en otros países vinícolas.

Hablan mucho, especialmente en las catas, donde deberían escuchar, existe una antigua leyenda que asegura que, un viejo maestro de cata le enseñó a una Enópata (Vulpes Vulpi) a callar, aunque no existe constancia de este hecho.

Un bello ejemplar de enópata disponiéndose para una cata a ciegas.

 

Los Enópatas, se reconocen fácilmente entre ellos, aunque para el profano no es difícil identificarlos, presentan ribete marcadamente violáceo en los arcos superciliares, suelen mostrar grandes ojeras de color oscuro, sus orejas son gruesas, velludas, de gran tamaño y totalmente opacas, lo que les diferencia netamente de la raza contraria que son los abstemios, seres longilíneos, absurdos y despreciables, que se niegan el placer a sí mismos, y que muestran comúnmente pabellones auditivos diminutos, traslucidos y repletos de venillas rosáceas.

Asimismo, la lengua del Enópata suele ser de color violáceo, similar a la de los Chow-Chow, tanto en tamaño como en color y rugosidad, aunque dotada de mayor cantidad de papilas gustativas, muchas veces (sobre todo en épocas de gran escasez), la lengua del Enópata se presenta de forma bífida.

La nariz suele ser voluminosa (algunos de ellos la tienen recubierta de metales nobles), y siempre andan olisqueándolo todo, como si de nerviosos lebreles truferos se tratase, sus ojos son casi siempre brillantes y oscuros.

Su cerebro es de gran tamaño, aunque la mayoría de individuos no lo utilizan en su totalidad, teniéndolo tremendamente especializado, suelen ser monotemáticos y aburridos para los no iniciados y la palabra más pronunciada en su limitadísimo vocabulario es VINO.

Dotados de una curiosidad sin límites, y una voracidad insaciable, estos animales de presa de orden superior, no duermen nunca y siempre están dispuestos para el siguiente vino.

Suelen ser viajeros, aunque tienen limitado su horizonte a países donde se elabora vino, su único alimento, ya que éste les nutre al mismo tiempo física y espiritualmente.

Su cerebro afectivo está seriamente dañado, en él sólo tienen cabida sensaciones, añadas, viñedos, aromas, marcas y zonas vinícolas, no son capaces de apreciar realmente nada que no contenga polifenoles.

Utilizan un lenguaje propio, una especie de esperanto, jerga común a todos ellos, aunque sean de países diferentes, con marcada tendencia al arrastramiento de palabras, sobre todo hacia el final (¿tienen final?) de sus reuniones.
Forman una nación independiente repartida por todo el mundo, aunque, afortunadamente, no tienen bandera ni himno ni ejército, los ejemplares más comunes suelen ser apátridas y anarquistas, desdeñando el orden establecido, el único orden que respetan es el de una plantilla de cata.

Tienen el acendrado hábito de reunirse en pequeños grupúsculos incontrolados, con la finalidad de beber ingentes cantidades de VINO, su bebida-alimento favorita.

Curso de iniciación a la cata en el salón de Enópata.

Son insaciables (en muchos aspectos de la vida) y a diferencia de otras razas depredadoras, los Enópatas comparten sin reparo su bien más preciado, el VINO, aseguran que esta costumbre los enriquece a todos, no ven nunca el final de una buena velada y suelen ser amantes mediocres, ya que su mente siempre está en otra parte, y por “chupar” entienden otra cosa distinta a la comúnmente requerida por sus eventuales parejas.

Recientemente se ha creado una Asociación llamada Enópatas Mundi, que destina la totalidad de sus fondos a la expansión de esta benéfica pandemia, además de a la cría,fomento y conservación de la raza Enópata.

Juan Ferrer Espinosa    31 julio 2002
Presidente, fundador y único miembro de Enópatas Mundi