MAQUILLAJE Y LICOR DE EXPEDICIÓN

No siempre el maquillaje sirve para ocultar defectos, sino que a veces los maquillajes, se utilizan para resaltar las virtudes, el tema es tan obvio que sobrarían los ejemplos, a pesar de ello voy a poner unos cuantos: Compraros en la kiosco de la esquina una revista erótica, cualquiera Playboy o Penthouse nos valdrá, en ellas las fotografías están hechas por grandes fotógrafos, los/as modelos son mujeres y hombres esculturales y además de ello, están maquillados e iluminados por los mejores profesionales del mundo, aun así de cada mil fotografías solo se publican 14 o 15, pero, hemos de reconocer que, la dimensión estética de algunas de esas fotografías es impresionante, y en gran parte es debido al maquillaje en todas sus formas: edición posterior de las fotos, iluminación para dar el tono de piel o de ojos adecuado, y los consabidos “polvitos” para suavizar posibles manchas o sombras.

En el mundo del cine o la televisión pasa prácticamente lo mismo, tras una selección de personas por medio de “Castings” multitudinarios, a los que la gente va maquillada, para luego escoger (casi siempre) a los más bellos/as, se les vuelve a maquillar, esta vez ya por profesionales, y se nos presentan en la pantalla adornados con toda clase de afeites y aderezos.

El Maquillaje aparte de ser una técnica depurada y dificilísima, hay que utilizar las mejores materias primas, de hecho, hay Oscars y Goyas al mejor maquillaje.

En otro campo paradójicamente relacionado con la imagen como son los anuncios de perfumes, siempre se utilizan las mujeres y hombres más bellos para las campañas publicitarias más caras, e indefectiblemente van maquillados, ahora bien, con los mejores maquillajes aplicados por los mejores profesionales.

Curiosamente el apogeo del maquillaje (que no el nacimiento ya que los egipcios lo utilizaban profusamente) tuvo lugar en la corte francesa, al tiempo que el Champagne alcanzaba una de sus épocas de esplendor.

La imagen, el maquillaje, la forma de vestir y el perfume que lleva una persona, la definen. A pesar que se suele decir: “El hábito no hace al monje”, indudablemente dice mucho de nosotros.

El verdadero problema viene cuando se quiere maquillar algo defectuoso, disimular la fealdad, las malas prácticas enológicas, y la mala calidad de la uva.

Yo personalmente no veo problema en que los champagnes lleven licor de expedición, el verdadero problema está en los bodegueros deshonestos, que quieren sacar más dinero del que se debe, maquillando productos mediocres, o pretenden competir en segmentos de precio muy ajustados. El consumidor tiene parte de culpa en ello, cuando exige al mercado Cavas imposibles Brut Natural a dos euros la botella, y pretende además que estén buenos. Todos ellos –en el mejor de los casos- van cargados de caramelo y más azúcar residual del anunciado en la etiqueta.

Muchos de espumosos “perrunos”, los que cuentan sus ventas por decenas de millones de botellas, compran el vino base, ya elaborado, el más barato que encuentran en el mercado, (puteando por tanto al viticultor, al que obligan a sacar kilos y kilos en vez de calidad,) sin tener ningún control sobre las variedades de uva empleadas, ni sobre el rendimiento por hectárea de los viñedos de los que han salido, ni siquiera saben dónde están si

tuados estos. Todo consiste (según estos mendas) en poner una etiqueta más o menos aparente, un nombre rimbombante una contraetiqueta poética y un precio competitivo, y ¡Viva el Almax!

El licor de expedición no es el culpable de ello, especialmente si es de buena calidad mejora muchos cavas y champagnes y sobre todo permite la entrada en el mundo de los vinos espumosos a personas que de otra forma beberán por siempre lambruscos, moscatos torpemente gasificados, sidras y otros brebajes similares. (Y que me perdonen los buenos lambruscos, moscatos y sidras que se elaboran actualmente, que de todo hay en la viña del señor)

No hay que entender al Cava o el champagne, únicamente como un vino extremadamente seco, un “Brut Natural” que sirva solamente como aperitivo, el espumoso es un vino mucho más amplio, con muchas posibilidades que estamos coartando a base de ser fundamentalistas, pensamos que cuanta menos azúcar residual tenga, mejor es el espumoso, y estamos impidiendo el acceso a este vino tan especial a personas que les gustaría un poquito más suave y agradable.

La aberración llega hasta el extremo que todo el mundo toma cavas brut natural con los postres, jodiéndolos indefectiblemente, pues su lugar está en el aperitivo.

Los enólogos listillos y mangutas, conocedores de esta lacra social “bautizan” generosamente a sus espumosos con licor de expedición (en algunos casos simple caramelo líquido), pero nunca se olvidan de poner en la etiqueta “Brut nature”, de esa forma tienen garantizada una mayor venta.Recuerdo que una vez, hace casi dos décadas, vi en una bodega un cartelito pegado a una puerta que rezaba así:  “Brut Nature” 10 gr.azúcar”Esta sinrazón es equiparable o similar a la que todavía tienen algunos consumidores, “madereros clásicos”, con los vinos que tienen más de 12 grados, a los que acusan de “Cabezones”; o a aquellos “celebros”, que dicen sin ningún atisbo de vergüenza: “El mejor blanco es un tinto”.

El cava y el Champagne son bebidas que se asocian sistemáticamente con el lujo, la Fiesta y las celebraciones, ¿a quién se le ocurriría ir a uno de estos eventos sin sus mejores ropajes o su mejor maquillaje o perfume?, ¿qué mujer no se sentirá atractiva si está bien maquillada por un buen profesional, por qué no ha de presumir de ello?

Que yo conozca en España solo hay una bodega que utiliza el mejor maquillaje, y que además presume de ello justificadamente, se llama Gramona, solo tenemos que probar sus excelentes cavas: Suite Gran Reserva (con unos 20 gramos de azúcar residual), o su impresionante Gran Reserva de Postre (con 50 gramos de azúcar residual), que yo le llamaría “Pilar Batlle”, en homenaje a la gran matriarca que hasta los 95 años estuvo bebiendo cava dulce y que tuvo el acierto de prohibir terminantemente a sus herederos que dejaran de elaborar este goloso vino, ideal para los postres. Os lo recomiendo vivamente.

Estos dos vinos citados, son la prueba viviente de que el licor de expedición no se utiliza (al menos en este peculiar caso) para “ocultar fallos”. Ya que es maquillaje de la mejor calidad, elaborado con vinos de Solera, procedentes de las mejores reservas, envejecidos durante muchos años en centenarias barricas de castaño y enriquecido con brandy y algún “secretillo” más; por si todo esto fuera poco, el “maquillador” es Jaume Gramona, posiblemente el mejor enólogo cavista en la actualidad. Un siempre espléndido Celler Batlle, el Gramona III Lustros que es el Brut Nature con más crianza que existe y el siempre excelente Gramona Imperial lo avalan.

En la región de Champagne, las bodegas utilizan con total normalidad el licor de expedición, y nadie se espanta por ello. De hecho, los champagnes llamados “Al gusto inglés”, la mayoría de ellos tienen ocho gramos de azúcar residual por litro, y se les considera secos, muy alejados de los champagnes de “Gusto Americano”, que suelen tener más de treinta gramos de azúcar residual.

Hoy el maquillaje se utiliza como un arma de seducción, ¿por qué no ha de ser atractivo y seductor un espumoso?, porque tiene que presentarse “desnudo”, “a pelo”, o desaliñado, cuando con unos mínimos retoques puede ser un gran vino, o cuanto menos un vino mejor.

Por último, aseguraros que como vino de aperitivo, me encantan los Brut natural, incluso si me apuráis, los bebería durante toda una comida, excepto con algunos quesos y en el postre, siempre difícil de acompañar, especialmente si estamos en el típico restaurante artificioso y pretencioso de comida “Tecno-emocional”, el cava o el champagne siempre son la mejor opción.

Finalmente, recordad que, no hace falta casarse contra nadie o ganar un gran premio de Fórmula 1, o que sea navidad ni el santo de nadie para disfrutar de un buen espumoso, y si está “maquillado”, mejor que mejor.

 

 

Juan Ferrer Espinosa     

Verano de 1999

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